jueves, 19 de enero de 2012

Han sido muchas las ocasiones en las que la historia ha convertido en jefes de Gobierno a personajes que han acabado convirtiéndose en grandes genocidas. Pero, ¿quién ha sido el peor de todos?

La detención del criminal del ejército serbio Marko Mladic, acusado de orquestar la masacre de 8.000 varones y niños musulmanes en la localidad de Srebrenica y del brutal asedio de Sarajevo durante 43 meses, en que se calcula que murieron alrededor de 10.000 personas, nos ha llevado a preguntarnos quiénes han sido los mayores genocidas de la historia. Una trágica lista que encabeza de manera muy clara el dictador de la Revolución China, Mao Zedong.
Según los cálculos, el histórico líder del Partido Comunista del gigante asiático fue responsable durante su mandato (1949-1976) de la muerte de entre 49 y 78 millones de ciudadanos, a través de un brutal programa de represión en pos de lograr asegurar la estabilidad de la República Popular.
Pero las muertes provocadas por Mao no se debieron tan solo a la crueldad del aparato represivo de su régimen tiránico. Su gran apuesta por la modernización de China, el llamado “Gran Salto Adelante” de 1959, provocó que al menos 30 millones de personas pereciesen a causa de la inanición que provocó el abandono de los campos.
En segunda posición entre los más sanguinarios encontramos a otro líder comunista, como es el caso de Josef Stalin. La dictadura del terror ejercida por el máximo mandatario de los bolcheviques costó la vida a alrededor de 23 millones de rusos.
Aparte de todos aquellos que no comulgaban o no apoyaban sus ideas, a quienes ordenaba ejecutar o enviaba a los terribles gulags, Stalin centró gran parte de su ira contra el pueblo ucraniano, al que condenó a morir de hambre entre 1932 y 33, por el miedo que le provocaba una posible escalada del nacionalismo.
Más allá del holocausto
La medalla de bronce de estos grandes genocidas es para el líder supremo del Tercer Reich, Adolf Hitler. La obsesión del fundador del nacional socialismo por eliminar a los judios de la faz de la Tierra se saldó con la muerte de seis millones hebreos en los campos de concentración y exterminio.
Pero el odio del nazismo no se conformó solo con los judíos, sino que también puso en su punto de mira a gitanos, comunistas, disminuidos físicos y psíquicos, homosexuales y prisioneros de guerra, debido a una política de purificación de la raza que segó la vida de 17 millones de personas.
La sorprendente, pero bien merecida, cuarta posición es para el que fuera rey de Bélgica en plena época del colonialismo, Leopoldo II, cuya política de esclavización, explotación y represión en su territorio africano de Congo, provocó que su milicia personal ejecutase a cerca de 10 millones de personas, a causa de su ‘fiebre’ por obtener la mayor cantidad de caucho posible.
La quinta plaza la logró a pulso el primer ministro japonés durante la II Guerra Mundial, Hideki Tojo, responsable del ataque a Pearl Harbour y de la entrada de las fuerzas niponas en la provincia china de Manchuria y su expansión por Asia y Australia, donde asesinaron sin piedad a más de cinco millones de civiles chinos, filipinos, australianos y coreanos, a quienes consideraba inferiores.
El genocidio armenio y los Jemeres Rojos
En sexta posición encontramos al frustrado general otomano y líder de los Jóvenes Turcos, Ismail Enver Pasha, quien culpó de su ineficiencia y su aplastante derrota a manos de los rusos en Sarikami al pueblo armenio. A partir de entonces comenzó una de las primeras ‘limpiezas étnicas’ del siglo XX, en la que perecieron 1, 5 millones de armenios, a los que hay que sumar otro millón de griegos y asirios.
El séptimo lugar lo ocupa el sanguinario líder de los Jemeres Rojos, Pol Pot, quien en su obsesión por “encontrar al enemigo oculto” torturó y asesinó a una cuarta parte de la población de Camboya. Así, no menos de dos millones de camboyanos fueron eliminados por uno de los regímenes más crueles de la historia.
Muy cerquita de su camarada camboyano, en octava posición, encontramos a Kim Il Sung, difunto padre de Kim Jong Il y responsable principal de la instauración del actual régimen de Corea del Norte. Las purgas llevadas a cabo por este “Presidente eterno de la República”, para quitar de en medio cualquier elemento opositor, mataron a 1,6 millones de norcoreanos.
El número nueve de esta execrable lista es el Mengistu Haile Mariam, quien todavía vive en Zimbabue bajo la protección de Robert Mugabe, aunque haya sido condenado a muerte. Su época del Terror Rojo, en la que acabó con todos los opositores a su poder en Etiopía, se saldó con un millón y medio de muertos.
La lista la cierra el nigeriano Yakubu Gowon. Su guerra civil para impedir la secesión de la República de Biafra y quedarse con el control de sus reservas de petróleo y con la preciada salida al mar, provocó que un millón de muertos, casi todos de la etnia igbo.

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