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Al preguntarle a los empleados por el producto, estos te disuaden diciendo que no se comercializan por "una decisión personal del farmacéutico" sin entrar en más detalles, e incluso pueden soltarte un "lo sentimos, pero los preservativos no son ningún medicamento". Hay fuentes que dicen que si expenden preservativos, pero sólo a quienes se pongan muy pesados e insistan en que se los vendan, cosa verdaderamente incomprensible y descabellada. Por su parte el Colegio de Farmacéuticos sevillano tacha de anecdótico el caso y defiende tal postura sosteniendo como argumento que el licenciado tiene derecho a no dispensar ese producto al igual que los médicos también pueden negarse a realizar un aborto.
Es una pena ver este tipo de actitudes morales en establecimientos concebidos para velar por nuestra salud por encima de todo, ya que sus responsables parecen más bien sacerdotes que farmacéuticos. Aquellos que no venden condones en sus farmacias razonando que "los preservativos no son un medicamento" aún no han debido de enterarse de ese refrán que dice que más vale el remedio que la enfermedad.

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