domingo, 10 de marzo de 2013

Cultura del café

“El Café es una bebida soberbia que alimenta al cerebro, que a diferencia de otras bebidas, le otorga a la persona que la bebe, un sentido de pureza y lucidez único; el café despeja las nubes de la imaginación e ilumina la realidad de la existencia con halo de verdad incuestionable”. EL GURU


Existen muchas leyendas e historias que cuentan el origen de esta bebida ¿El viaje de la planta de café a nuestra taza empezó en África o en Asia?
Una de las historias más populares y aceptadas nos lleva a la república de Etiopía, provincia de Kaffa(frente al Mar Rojo y el Golfo de Adén (África oriental), dónde la planta de café crecía en forma silvestre. Nos ubicamos en el año 800 aproximadamente, y nos encontramos con Kaldi un pastor y poeta que llevaba a pastar a sus cabras. Sus días transcurrían en la tranquilidad de las montañas. Un día el rebaño de Kaldi no regresó manso y apacible como lo hacía habitualmente, luego de dejarlas pastar en una de las montañas cercanas notó que sus animales se comportaban de una forma muy pero muy extraña. Subían y bajaban, iban y venían con un estado de agitación que no era típico de ellas. El estado de agitación de los animalitos duró todo el viaje de regreso. Esa noche fue interminable para el pobre Kaldi, quien pensó que su rebaño había sido envenenado e iba a morir. Afortunadamente las cabras no murieron. Al amanecer el panorama era muy distinto, el rebaño estaba nuevamente tranquilo. Kaldi cansado y apesadumbrado volvió a llevar a sus mansas cabras a las zonas de pastoreo. Se encontraron a su paso con unas plantas que tenían unas “cerezas” muy tentadoras, sobre todo para las cabras, las mordisquearon y nuevamente el rebaño retomó la excitación y la actitud extraña del día anterior. Kaldi se acercó a esas plantas tomó algunas hojitas y algunas cerezas que tenían distintos colores: amarillo, verde y rojo, probó con mucho cuidado una cereza. El sabor no era tan agradable como él pensaba, no se trataba de un arbusto de cerezas. Los frutos le parecieron amargos. Kaldi comenzó a sentir que el insomnio y el cansancio desaparecían y una nueva energía lo impulsaba a seguir pastoreando con sus cabras. Tomó rápidamente unas ramas florecidas y se dirigió al monasterio de Chehodet, donde se encontraban las personas más sabias de la región, que estaba a unos pocos kilómetros. Kaldi y su grupo de cabras enérgicas llegaron al monasterio.
El pastor fue llevado con el Abad mientras que las cabras quedaron bajo el cuidado de unos monjes que no entendían el extraño comportamiento de los curiosos animalitos.
El Abad llevó a Kaldi a la cocina, hizo la prueba de hervir una de las ramas con frutos rojos, pero fue tan desagradable el gusto de ambos que el Abad arrojó el atado sobre el fuego. La cocina se inundó de un aroma delicioso, entonces el Abad hizo una nueva prueba. Tomó uno de los frutos tostados y preparó una infusión con un aroma tan delicioso y agradable que atrajo a los monjes que estaban cuidando las cabras. El efecto estimulante de la bebida le permitió a los monjes estar despiertos durante largas noches de oración. Le pusieron un nombre “kawah” en honor al rey persa Kavus Kaique fue elevado al cielo en un carro alado.
Y así dicen que nació el café: en Etiopía, en una montaña, unas cabras lo comieron, un pastor lo descubrió, el Abad del monasterio lo tostó, los monjes celebraron esta nueva bebida y nunca imaginaron que ese sabor se propagaría durante siglos hasta nuestros días, hasta nuestra taza.
¡Hasta la próxima taza de café!

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